Lecturas


LECTURA 1.

HERRAMIENTAS Y ESTRATEGIAS PARA SISTEMATIZAR LA EVALUACIÓN EN ENTORNOS VIRTUALES

Es evidente que la evaluación constituye uno de los elementos básicos de cualquier acción formativa, por ello debe planificarse concienzudamente, y no dejarse a la improvisación, ni a la arbitrariedad (Del Moral y Villalustre, 2009).

La evaluación ha adoptado múltiples formas, dependiendo de cada situación, es necesario utilizar diferentes formatos a través de los cuales se obtiene información relevante sobre el progreso en el aprendizaje de los estudiantes (Achtemeir, Morris & Finnegan, 2003). Entre ellas, destacamos la evaluación a través del e-portafolio.

En el e-portafolio, la evaluación se concreta a partir de la creación de una carpeta individual donde cada estudiante va introduciendo los trabajos realizados, permitiendo determinar su evolución formativa (Kimball, 2003). Se trata de una evaluación abierta y flexible donde docentes y estudiantes fijan y delimitan los objetivos de aprendizaje.

El e-portfolio es una herramienta versátil que proporciona al docente una visión amplia y profunda de las competencias adquiridas por los discentes, caracterizado por ofrecer una representación longitudinal de lo que éste sabe y puede hacer (Villalustre y Del Moral, 2010). En él se recogen los trabajos realizados a lo largo de una asignatura, de modo que permite identificar cómo los estudiantes gestionan la información y los conocimientos para aplicarlos a diferentes situaciones (Arter & Spandel, 1992). Permitiendo a los docentes propiciar cambios y mejoras durante el desarrollo de la actividad, favoreciendo una evaluación formativa capaz de retroalimentar la acción educativa.

Por otro lado, existen otras estrategias para gestionar y sistematizar el proceso evaluativo. Las rúbricas de evaluación ayudan a describir claramente los criterios a seguir para valorar el trabajo desarrollado por los estudiantes.

Generalmente se utilizan, según establece Adell (2004), cuando existen múltiples dimensiones que poseen pesos diferenciales preestablecidos de antemano. Con ellas el docente realiza, principalmente, una evaluación del producto final elaborado por los estudiantes para determinar las competencias y habilidades adquiridas y en qué grado. Estableciendo, de este modo, diferentes niveles de rendimiento.

Las rúbricas de evaluación clarifican y detallan lo que se espera de los estudiantes, explicitando lo que tiene más o menos importancia dentro de una actividad o proyecto de manera muy exacta (Valverde, 2008). Pueden ser utilizadas, por tanto, para valorar diferentes tipos de productos (proyectos, presentaciones digitales, trabajos grupales e individuales, etc.), y adoptar diferentes formatos. Así, las rubricas de evaluación pueden ser analíticas u holísticas. En las primeras, se identifica qué se desea evaluar (competencias, capacidades, habilidades, etc.) y se determinan las características o aspectos a considerar dentro de una escala de evaluación. Mientras que en las segundas, se evalúa la totalidad de un producto final para determinar el nivel de competencias alcanzado por los estudiantes, con fin de poseer una visión general de los logros alcanzados. En definitiva, las rúbricas proporcionan indicadores específicos para documentar, de manera objetiva y consciente, el progreso de los discentes.

En conclusión

La evaluación en los entornos virtuales implica un proceso de carácter sistémico que obliga al docente a revisar el modelo pedagógico que sustenta su actividad formativa. Se precisa seleccionar estrategias y herramientas operativas que permitan constatar la evolución y el progreso real alcanzado por los estudiantes. La identificación de indicadores de medida del rendimiento académico o de las competencias desarrolladas por los estudiantes deben, necesariamente, responder a la perfecta adecuación y coherencia establecida entre los objetivos o competencias a alcanzar con la asignatura y las actividades propuestas para ello.

Existen fórmulas que ayudan a sistematizar la medida de las distintas dimensiones del aprendizaje: el e-portafolio y las rúbricas de evaluación. Entre las ventajas que la evaluación por portafolios presenta para el seguimiento de las tareas individuales y/o grupales de los estudiantes cabe destacar el desarrollo de una evaluación tanto de proceso como de productos, la capacidad para promover la resolución de problemas, la posibilidad de que los estudiantes reflexionen sobre su propio aprendizaje, etc.

Por su parte, las rúbricas de evaluación ofrecen gran precisión para valorar las competencias y habilidades adquiridas por los estudiantes al concluir su proceso formativo a través de un conjunto de criterios graduados que reflejan diferentes niveles de logro de una manera clara y explícita.



LECTURA 2.

En la lectura a continuación, se realiza una reflexión sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje, teniendo en cuenta la situación actual de la sociedad en términos de avances técnológicos, sin desconocer la importancia de la educación como eje fundamental de la misma, pero reconociendo que la tecnología ha permeado cada aspecto social y cotidiano de la vida y la educación no puede ser ejna a ello.


LA EVALUACIÓN DEL APRENDIZAJE EN ENTORNOS VIRTUALES DE ENSEÑANZA APRENDIZAJE: NOTAS PARA UNA REFLEXIÓN


Apartes:
NO SE PUEDE DESCONOCER LA DIFICULTAD DE INCORPORAR A LA DOCENCIA LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS, AUNQUE NO DEBA OLVIDARSE LA PRIMACÍA DE LO EDUCATIVO

Las dificultades de implementación en el aula de las Nuevas Tecnologías de la Información, constituyen nuestra tercera reflexión. Así, un primer reto de estos nuevos escenarios marcados por los EVEA es su complejidad, los problemas que su puesta en práctica lleva consigo para todos los implicados. En la enseñanza virtual a distancia, el hecho de “estar ahí”, delante de un ordenador, no es simple, pues supone disponer de él, saberlo manejar, que en ese momento no falle la conexión a Internet, que los programas y las herramientas del curso funcionen, etc. Es decir “estar” y conocer” los medios en sí mismos es ya un aprendizaje. Por esa razón mantenemos que no se puede minusvalorar el esfuerzo y el aprendizaje que hay que realizar para poder, sencillamente, estar ahí delante del ordenador en la enseñanza virtual; y a veces estar es ya un logro, un éxito nada despreciable. Este hecho no se puede olvidar cuando se trate, además, de hablar de la evaluación de los aprendizajes en los entornos virtuales. Otro problema, que no se puede obviar, son los inconvenientes y las dificultades que presenta la articulación de los aspectos tecnológicos y los educativos. Es indudable la necesidad de los primeros, sin ellos no se podría realizar un diseño de enseñanza virtual; ahora bien, tanto la complejidad de algunas de las herramientas como su apariencia, en ocasiones realmente llamativa pero poco útil desde el punto de vista educativo, requieren una aproximación crítica a ellas. En suma, es la dimensión educativa la que realmente constituye los procesos de formación y de evaluación. No es una tarea fácil, en absoluto, y más de una vez casi se olvidan los aspectos educativos por el brillo de los tecnológicos (Coll, 2010).

UN MARCO PARA COMPRENDER LA EVALUACIÓN

La lectura de la bibliografía existente sobre el tema de evaluación y calidad presenta, en muchas ocasiones, una enorme diversidad conceptual (diversidad necesaria, pero que puede generar confusión), así como definiciones muy vagas en el caso del concepto “calidad”. Cabe señalar el hecho, que por habitual muchas veces pasa desapercibido, de que todo ser humano nace siendo evaluador (Stake, 2006). Sin embargo, y mucho más en la actividad profesional docente, es necesario ser un “buen” evaluador, que tenga como principal función la de desarrollar las estrategias necesarias para conocer, de forma efectiva, lo que se evalúa. Sin duda, la práctica profesional docente está orientada hacia una cualidad: lo bueno. Este concepto tan amplio necesita acotarse y contextualizarse. Así, una actividad evaluadora es buena cuando: tiene las cualidades positivas que cabe atribuirle, es útil, está realizada con el propósito de alcanzar algo y es adecuada al objetivo que se quiere conseguir.1 Para determinar entonces la bondad de la actividad evaluadora, será preciso que el proceso tenga los atributos presentados anteriormente. En ese sentido, cabe señalar como ámbitos sobre los que considerar el quehacer profesional docente en cuanto a evaluación los siguientes: 

·  la intencionalidad que se tiene,
·  el papel y el grado de intervención de los implicados,
·  cuál es la información que se desea obtener y su naturaleza cuantitativa o cualitativa,
·  cuándo ha de ser recogida dicha información,
·  los criterios de referencia que van a utilizarse,
·  la cantidad de esos criterios de referencia que debe alcanzarse para que sea satisfactoria,
·  la comparación de la información recogida con la referencia y la cantidad estimada,
·  la emisión de un juicio y,
·  la comunicación de los resultados obtenidos.

Este breve recorrido, en el que se ha omitido conscientemente el uso de terminología técnica en la medida de lo posible, permite entrar en las distintas denominaciones que, siendo necesarias, habrían de ser analizadas desde la comprensión y no desde algunos intentos de apropiación del campo por el sentido negativo que pueda tener lo que quede fuera de su denominación. Así, por ejemplo, la “evaluación democrática” se referiría principalmente al papel de los agentes implicados; la “evaluación inicial”, al momento en el que es recogida la información; la “evaluación holística”, a las dimensiones de la persona objeto de valoración; la “evaluación estándar” (Barrenechea, 2010), a su relación con los criterios de referencia; etc. Evidentemente, esta propuesta que hacemos tiene como finalidad situarse en este complejo mundo de definiciones en las que es necesario saber dónde se focaliza cada una de estas propuestas y que los docentes tengan conciencia de lo que supone ese posicionamiento. Igualmente cabe señalar que, todas ellas, como se ha afirmado anteriormente, han de ser buenas por haberse realizado de acuerdo con los criterios de bondad que señalamos siguiendo los parámetros de la RAE.

LA EVALUACIÓN DE LOS APRENDIZAJES EN LOS ENTORNOS VIRTUALES

Sin duda, las dimensiones anteriormente señaladas van a permitir comprender e interpretar mejor lo que significa y supone la evaluación de los aprendizajes en general y de los entornos virtuales de enseñanza en particular. Así, el compromiso con el cambio, la necesidad de investigar, las dificultades que encierra la puesta a punto de los medios para que funcionen y las relaciones entre lo tecnológico y lo educativo, son una realidad que está tácita y explícitamente presente en todo el quehacer profesional docente.

Por otra parte, unida a la perspectiva general anteriormente mencionada, se presenta ahora otra más concreta, que ineludiblemente está vinculada con cualquier escenario de evaluación y que está en la base necesaria para tomar las decisiones adecuadas sobre para qué evaluar, qué evaluar, cómo, cuándo, con qué hacerlo y cómo comunicar los resultados. Sin duda, los retos que se plantean cuando hablamos de la evaluación de los aprendizajes de los alumnos en entornos virtuales son claros y, en sí, constituyen espacios para la reflexión y la investigación, además de ser ámbitos para tomar decisiones que tienen que ver con los resultados académicos del alumnado.

Hablábamos de un ámbito para la reflexión y la investigación, sin duda apasionante y que supone la apertura a nuevas formas de pensar, fundamentar y sentir los espacios de la educación, muchos de ellos presentes en la actualidad. De esta forma se nos presentan retos que tenemos que abordar con optimismo y con confianza en su solución, tales como: los problemas para la “identificación” de los discentes, las opciones que presentan los distintos tipos de contenidos, las interrelaciones existentes entre los agentes implicados, las áreas que pueden y deben constituir la enseñanza -y por lo tanto los aprendizajes y la evaluación-, las herramientas que se pueden utilizar (desde lo razonable y posible) y la especificidad de éstas (Barberá, 2006) y el papel del profesor, entre otros. Por otra parte, la conciencia de los puntos fuertes (flexibilidad y perspectiva general del trabajo que se realiza)2 y débiles (tareas mecánicas realizadas con fechas de conclusión, trabajos parcelados y problemas con los enfoques cualitativos)3 de estos escenarios de la enseñanza nos marcan claramente por dónde y cómo abordar esta tarea de la enseñanza que, sin ninguna duda, ocupa y ocupará gran parte del quehacer práctico y teórico de los docentes e investigadores.

Así pues, se ha de entender esta aportación como una propuesta y no hacerlo en absoluto como una fórmula que debe seguirse automáticamente. En el sentido anterior, no se nos puede olvidar que la necesidad de contar con buenos evaluadores y buenas evaluaciones, obliga a fundamentar, sistematizar y concretar los referentes de los que hay que partir para tomar decisiones, de los que destacamos: los ámbitos de los EVEA donde quedan registrados los aprendizajes del alumnado (comunicación, contenidos, información y recursos), la función que tiene la evaluación (la evaluación como examen y como formación), el contenido que se quiere evaluar (hechos, conceptos, modos y maneras de tratar con conocimientos específicos y principios generales) y los instrumentos para evaluar, que resumimos en la figura siguiente.


Tomado de: http://www.rieoei.org/deloslectores/4320Martinez.pdf

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 

Blogger news

Blogroll

About